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El artista Isidro López Aparicio, tras su paso por el Pa-ta-ta Festival: “Busco generar una extensión de la empatía”

Con motivo de la presentación de Don’t Shoot. Guernica-Palestina en la Fuente de las Batallas en Granada y de la posterior participación de Isidro López-Aparicio en la proyección Habitar sin barreras, dentro de la programación de Pa-ta-ta Festival, hablamos con el artista, catedrático universitario y comisario sobre el origen de una obra en la que se encuentran el cuerpo, la imagen y el compromiso con los derechos humanos.

PREGUNTA: Don’t Shoot. Guernica-Palestina nace de una acción en la que pusiste tu propio cuerpo en una situación de vulnerabilidad. ¿Qué te llevó a asumir ese riesgo?

RESPUESTA: Mis trabajos se caracterizan principalmente no tanto por el soporte en el que se desarrollan o se concretan, sino por desde dónde se genera mi trabajo. Trabajo desde un compromiso siempre real con el contexto, tanto físico como social.
En concreto esta obra, Don’t Shoot, es una pieza más dentro de un proceso largo, que comenzó con otro trabajo que se llamaba Invertido, aprendiendo a relacionarse que diseñé para las reuniones de paz del 2002 en Colombia, en el que colgué a más de 300 personas, cabeza abajo en grupo.

Eso hace que en cada contexto la actuación o la situación sea diferente. Puede ser desde una instalación con objeto y una construcción específica hasta un documento legal, un envío de sangre por el mundo o, en algunos casos, asumir incluso un riesgo para mi vida. Eso ha sucedido en distintas ocasiones…. Yo no hago performance o acciones delegadas en las que indico que otro se cuelgue o que otro haga algo. Yo soy el primero que, si hay que asumirlo, lo hago.
En Palestina, pasé más de cinco años de gestiones para intentar llevar a cabo una acción colectiva similar y había personas que querían colgarse, pero eso implicaba un riesgo para ellas. Entonces, en un acto máximo de empatía, en vez de que otras personas asumieran ese riesgo, lo asumí yo.

P: La acción tuvo lugar en 2019, en un contexto especialmente complejo. ¿Qué ocurrió?

R: Me colgué enfrente de esos francotiradores israelíes, con la única defensa de una camisa pidiendo que no me disparasen. Esto nació de una defensa que quería hacer de los derechos humanos. Siempre entramos en esta situación polarizada en la que parece que si “eres pro esto, estás en contra de aquello”. Pero no se trata de eso.
Yo soy pro derechos humanos. Defiendo a las personas y todo el incumplimiento de los derechos humanos en un sitio y en otro, ya sea en el Sáhara, en el Estrecho cruzando hacia África… Lo que pido es que no disparen, no asesinen, no maten. Y, bueno, aquello fue en 2019, entonces nadie podía pensar que años más tarde acabaríamos presenciando la barbarie que vivimos en este momento en Palestina.

P: La fotografía utiliza además el formato del Guernica. ¿Por qué era importante esa referencia?

R: Tenía que comunicar lo que vive el pueblo palestino y tenía que sumarme a una imagen de arte visual que fuera de las más potentes que ha habido en contra de la guerra, y esa imagen era la del Guernica.
Entonces este es un nuevo Guernica, con ese mismo formato (3,49 metros de altura por 7,76 metros de longitud) y en otro contexto, el del campo de refugiados Aida, situado junto al muro que separa Cisjordania (Palestina) de Israel.
Además, estamos en un festival de la imagen, el Pa-ta-ta Festival: Aquí hay mucha gente que sabe leer la imagen, que va a saber leer la violencia que ha habido en ese sitio. Quince días antes de que yo me colgara habían asesinado en ese mismo campo de refugiados a un chaval…
En esa imagen coexisten muchas preguntas, hay muchos códigos. Si uno se pone a mirar en detalle aparecen el despojo, las cosas quemadas, diferentes mensajes pintados pidiendo libertad.

P: ¿Dónde empieza, entonces, la capacidad de intervención de una imagen: en quien la hace o en quien la mira?

R: Yo intento siempre generar una mirada de extrañeza, generar preguntas. Creo que la función del artista no es decir cuál es la verdad y cuál es la realidad. ¿Se equivoca cualquier persona y no se va a equivocar un artista? Un artista, por ser artista, no tiene una legitimidad ética superior sobre otra persona.
Cuando yo estoy ahí colgado boca abajo, lo primero que genero es esa mirada de extrañeza que decía, el comentario de “¿Qué hace ese tío ahí colgado?” y ya luego entonces te fijas y lees “No disparen”.
Lo que intento es que la gente se pare, mire y se haga preguntas. La indiferencia es lo que quiero evitar. Hoy en día es muy complicado luchar contra la cantidad de imágenes brutales que hay en el mundo y, desde el ámbito del arte, es complicado mantener a la vez cierta estética, que siga habiendo belleza. Por eso, para mí, el mayor elogio es que alguien recuerde mi obra.

P: ¿Qué te gustaría que sucediera ahora, cuando Don’t Shoot. Guernica-Palestina entre en contacto con el público?

R: Que esa empatía se extendiera. Yo llevé una empatía al máximo con un pueblo que sufría, con una gente a la que le que estaban asesinando a sus hijos, y esa empatía me llevó a jugarme la vida. No es solamente el colgarme, sino toda la complejidad que hay detrás de eso.
Ahora, en Granada, en el Pa-ta-ta Festival, lo que me gustaría que esa empatía se extendiera y se comprendiera. Que se expanda esa empatía y la gente diga: “Oye, pues yo también me colgaría”, o bueno, quizás no, no se colgarían, pero sí que puedan decir: pues yo también apoyo ese llamamiento de “No disparen”. De hecho, ha sido muy bonito ver cómo en el trayecto de la manifestación por Palestina que estaba convocada en la ciudad este fin de semana ha habido un momento en el que los manifestantes se han acercado a mi obra, en momentos así es donde más significado adquiere mi trabajo.


Texto: Nerea Larrinaga – Retrato de Isidro López Aparicio: Lydia Fernández – Vídeo: Rubén Castro

Fotografías del artista con la obra Don’t Shoot. Guernica-Palestina: Mar Martín