La transición entre la caída del modelo comunista y la apertura al mercado liberal no ha sido fácil para la sociedad rusa, y especialmente para las nuevas generaciones. En un primer momento, se sentían suficientemente maduros para asimilar el estilo de vida de los países occidentales democráticos , sin embargo a raíz de la crisis de 1998, las dificultades de esta transición y la precariedad de la vida iban conformando una sociedad de altos contrastes con unos niveles de desempleo jamás vividos en la URSS. Esta inseguridad y frustración hacia el “nuevo estilo de vida occidental” conllevó la gestación generalizada de una nostalgia hacia el pasado soviético.

En una ciudad como St.Petersburgo, las nuevas generaciones se mueven en un limbo de resignación y adaptación entre estos dos mundos. Sumado a la fuerte dependencia del sistema la mayoría es consciente de que poco pueden influir en la situación política así como luchar por sus derechos.

Esta serie de impresiones visuales retrata las nuevas generaciones perdidas entre la globalización contemporánea y la nostalgia soviética.