En la práctica de congelar momentos, para hacerlos perennes, se construye un memoria, que frágil, se sostiene por imágenes.
Los álbumes se convierten en muletas y sacar fotos en una especie de compulsión
conmemorativa.
Mi abuela es ingresada a los 87 años en un hospital, momento en el que decido centrar un trabajo fotográfico en su vida y su lucha por encontrar a su hija desaparecida en la dictadura militar argentina. Entonces, lo que al principio es un motivo, más tarde se convierte en una excusa y finalmente en sólo una manera de estar allí, cerca de ella.
La tensión se transforma en una complicidad entre nosotras tres; mi abuela, yo y la cámara.
Este es un proyecto fotográfico basado en la relación que se establece alrededor de
la práctica fotográfica y cómo influye en las relaciones esa presencia en determinados momentos.