Los Estados Partes reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes. (Artículo 31.1, Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (CDN) de las Naciones Unidas).

Comer, dormir y jugar son tres necesidades básicas para todos los niños. El trabajo infantil ha existido siempre a lo largo de la historia, sobre todo como apoyo a la familia en las labores domésticas o agropecuarias. El juego se convierte en una actividad efímera y casi clandestina porque otras responsabilidades forman parte de la vida cotidiana: cuidar a los hermanos más pequeños, ir a buscar los elementos básicos para el hogar lavar la ropa… Cuando un niño juega mientras trabaja juega como “adulto” y no puede jugar como “niño”. Así, de modo invisible para la sociedad, una parte de su condición humana se resigna a no jugar.