Fotografía Post mortem, la historia de esta modalidad hay que retrotraerla hasta mitad del siglo XIX pleno romanticismo. Las tomas eran un artículo de lujo inalcanzable para las personas de nivel económico medio de forma que cuando estas perdían a un ser querido utilizaban sus ahorros para tener una última y entrañable imagen del finado. Era un acto muy romántico y con mucho amor por medio, por eso normalmente en las fotos parece que la gente está más dormida que muerta, a pesar de lo macabro que actualmente pueda parecer.
El trabajo consta de 15 fotos, realizadas y retocadas digitalmente para darle la apariencia antigua y rescatar este trabajo para el mundo contemporáneo. El trabajo que ha quedado detrás ha supuesto, movilizar a un numeroso grupo de figurantes, attrezzo y ambientación antigua para recrear el insólito ambiente post-mortem que rodeaba la inmortalización de la muerte, hace pocos siglos.

 

“Erradicar el morbo para destacar la autenticidad de un acto de amor”, es lo que más quiero resaltar en él.
La parte técnica más importante es conseguir con medios del siglo XXI, que la fotografía aparente ser antigua, que las personas vivas, parezcan muertas y que a la vez, aparentando estar muertas, parezcan dormidas, una complejidad, que ha conseguido envolver al espectador, haciéndoles incluso dudar de si es o no real. Cada imagen está completamente estudiada para su efecto y simboliza algún ritual de los que se practicaban, para despedir a los más queridos.